Me acuerdo de una situación de la que fui testigo en mi primer año de universidad. En una clase de Física I a principios de curso, justo después de Bachillerato, un alumno se atrevió a preguntarle al profesor cierta pregunta sobre lo que estábamos dando: cálculo vectorial con un PPT lleno de definiciones de la RAE sobre conceptos físicos que nadie entendió.
La pregunta en cuestión fue simple: ¿Para qué sirve esto que estamos dando?
Su respuesta fue el reflejo perfecto de la decadencia de la universidad y la desconexión del sistema educativo con la realidad. Te contaré su reacción al final de este artículo, así te obligo a leerlo entero. Es por una buena causa ; )
El objetivo es que reflexiones sobre esta y otras situaciones que se dan en la Universidad y que dejan entrever que algo falla.
Y si la Universidad falla, que es el principal agente social de transformación de una sociedad, mal vamos.
El (mal) planteamiento actual
¿Quieres que defina con una palabra el planteamiento que sigue la educación superior en España?
(Es una pregunta retórica, no lo digas en alto)
MEDIOCRE
¿Quieres que lo diga con dos?
MUY MEDIOCRE
Y sí, mediocridad es la palabra perfecta para definir la educación de ahora. El sistema educativo en España opera con un modelo del siglo XIX, ahora masificado, donde las aulas han pasado a ser cadenas de montaje que dejan el aprendizaje real en un segundo plano.
Una clase no debe ser un sitio donde un profesor despeje ecuaciones imposibles o se lea un PPT mal hecho de hace 5 años. Una clase debe ser un lugar donde los estudiantes salgan siendo mejores de lo que eran al entrar. Una clase es una forma de arte, no un programa cuantitativo para despachar contenidos.
Los 3 problemas principales
Creo que se puede resumir el 90% del problema en: falta de incentivos, falta de vocación e inmovilismo del sector público.
La falta de incentivos es evidente, un profesor cuyas clases son basura cobra lo mismo y tiene las mismas oportunidades de investigación que otro que le ponga el esfuerzo que se merece la docencia.
Ese caballero de las clases de Física I, aunque parezca increíble, cobra lo mismo que profesores que han hecho que pase de odiar una asignatura a adorarla.
En esto la falta de vocación también va de la mano. Seamos sinceros. A la mayoría no le gusta dar clase.
¿Qué hacen dando clase entonces?
«Bueno, porque la vida académica es muy cómoda». Esa es la respuesta habitual de un profesor que decide serlo sin tener vocación.
Finalmente, mi razón favorita: la falta de prisa. Si no hay prisa, no se es efectivo. Y en el sector público nunca hay prisa (lo sabe cualquiera que ha hecho algún trámite en la Administración del Estado).
Cualquier cambio en la manera de operar de este sector lleva una vida. Como aquí buscamos un cambio radical en la manera de enseñar, llevaría para siempre.
La educación privada no se enfrenta a este problema pero sí a los dos primeros. Aunque en la mayoría de países es la educación pública la que tiene más poder de transformación social, por eso me centro en ella.
La solución a estos tres problemas es complicada. Y no es complicada porque no se sepa cómo solucionarlo, sino porque la solución pasa por la política. Que una transformación dependa de la política normalmente significa que no se va a solucionar, al menos en el corto plazo.
Los planteamientos modernos: semipresencial y AGILE
Si descartamos las soluciones políticas para los problemas de la educación superior, nos quedamos con dos de los principios que han ganado fuerza en el mundo empresarial: el modelo semipresencial y la metodología AGILE.
El modelo semipresencial explotó con la pandemia y ha llegado a todas las instituciones educativas. Si se sabe aprovechar e implementar de manera correcta, será una herramienta muy potente en el aprendizaje.
Ahora bien, la realidad está lejos de una implementación adecuada del modelo semipresencial. Es más, ha servido más como un método de dejación de responsabilidades en la docencia y en muchos casos a empeorado la calidad de manera notable.
La clase de la que hablaba al principio del artículo era online y asistían, como mínimo, 500 personas. Como la aplicación para las videollamadas no soportaba tanta gente en una misma sesión, se hacía por streaming, y el profesor «resolvía» las dudas que se tenían que enviar por chat cuando y como le apetecía. Eso es un claro ejemplo de cómo no hacer las cosas.
Las variedad de opciones que hay para implementar de manera efectiva (que me hayan funcionado a mi) el modelo semipresencial dan para otro artículo entero así que para no tener que asumir simplificaciones lo reservo para otra ocasión.
Por otro lado, la metodología AGILE es la gran revolución de este siglo en la empresa pero casi nadie la aplica a la educación. Para entender por qué se debería aplicar en educación debemos entender primero para qué sirve esta metodología en emprendimiento.
AGILE revoluciona las empresas porque les enseña a aprender rápido y corregir sobre la marcha. Pero en la educación, seguimos esperando al examen para evaluar, y si fallas, el enfoque es de castigo, no de corrección.
Si lo piensas, uno estudia una asignatura o hace un trabajo y no se enfrenta a una evaluación seria sobre lo que sabe y hace hasta que tiene el examen. Si suspende, borrón y a perder el tiempo empezando desde cero.
Esto sería el equivalente en el mundo empresarial a estar 3 años desarrollando una idea, sacarla al mercado, ver si funciona (probablemente no, ya que no se ha experimentado en condiciones reales) y si falla pues ya está, ha fallado, otros 3 años de desarrollo. No tiene ningún sentido y es muy fácil de evitar usando AGILE.
Dado que la implementación de esta metodología merece un análisis más profundo, también lo dejaré para otro artículo. Si no puedes dormir porque estás esperándolo, simplemente escríbeme y lo debatimos, yo estaré encantado : )
Lo que funciona: interacción y personalización
Más allá de las soluciones innovadoras como las que hemos debatido en la anterior sección, las soluciones más fáciles de integrar a corto plazo se basan en la interacción continua y flexible entre docentes y alumnos y en la personalización de la enseñanza.
Cada persona tiene una forma única de aprender. A día de hoy, el que triunfa académicamente es por una de estas tres razones:
- Su manera de aprender se alinea de manera natural con la manera de enseñar más extendida.
- Consigue adaptar la manera de aprender a la de enseñar a la fuerza y viceversa. (En esta categoría me incluyo)
- Dedica una cantidad de tiempo y energía que no merece la pena.
Nada que ver con el talento real ni el conocimiento real.
Un problema añadido es que normalmente quienes acaba dando clase en las instituciones son los primeros. Al final los segundos y los terceros acaban escapando del mundo académico. Este filtro perpetúa esa cultura tóxica en la enseñanza.
Como profesor siempre me he preocupado de personalizar la manera de darle clase a cada alumno y los resultados han sido increíbles. Gente que estaba al borde de dejar Bachillerato o la Universidad que ha acabado interesándose por las asignaturas que les impartía.
En lugar de intentar forzar a martillazos que la información entre en el esquema cognitivo de un estudiante, es importante pararse y cuestionarse al menos un mínimo cómo aprende esa persona.
Esto de momento sólo lo implementa la iniciativa privada a pequeña escala pero tengo la esperanza de que algún día conseguiremos cambiarlo también en las instituciones educativas públicas.
Piensa, habla y actúa
El profesor al que me refería al principio del artículo decidió y expresó en alto ante más de 500 alumnos que si ese alumno tenía esa pregunta, iba a apostar con sus compañeros del departamento a que no aprobaría Física I. Desde luego se tomaron la apuesta en serio, porque no aprobó casi nadie.
Es un ejemplo de la resistencia de la mayoría de los docentes establecidos en las instituciones educativas de no solo no mover un dedo por mejorar la calidad de la docencia, sino torpedear cualquier cuestionamiento o crítica a un sistema decimonónico.
Finalmente, como recomendación y como parte de mi compromiso por mejorar la educación, te pido que reflexiones y actúes con estos pasos:
- Piensa en cómo te ha afectado a ti el atraso en educación.
- Piensa en cómo has tenido que superar los obstáculos debidos a la falta de calidad.
- Piensa en qué cosas útiles has dejado de hacer para hacer esto último.
- Habla con la gente sobre estos tres primeros puntos.
- Habla sobre esto en público.
- Habla con tu cuñado, ese que dice que los estudiantes de ahora son unos vagos.
- Háblale sobre esto a tus profesores (no suelen aceptar muy bien las críticas, ahí ya eliges tú lo que más te convenga).
- Actúa. Si alguna vez ocupas una posición docente, no perpetúes los problemas que hemos señalado aquí.
Gracias por tu atención, hasta la próxima : )
